Shabnam Mobarez: “Ver gente creando lazos sociales gracias al fútbol es algo realmente hermoso”

Nació en Afganistán y con solo 8 años viajó junto a su familia a Dinamarca como refugiada de guerra. Allí, su primer intercambio social con una cultura diferente fue a través de una pelota de fútbol, llegando a convertirse en jugadora profesional de uno de los clubes con mayor tradición del país. Con 25 años, es capitana del seleccionado afgano y activista social por la igualdad de género.

La World Football Summit, evento internacional que reúne a distintas personalidades del fútbol para discutir temas de relevancia en la disciplina, la premió en 2019 por su labor social en la campaña Voice4Voiceless, donde contribuyó a dar voz a los episodios de abuso sexual y maltrato recibido por colegas del seleccionado afgano por miembros de la federación de fútbol de su país entre 2013 y 2018.

Por: @Agustinpalmis@J.Luppi@Globalonet.web


Shabnam Mobarez con la camiseta de la Selección de Afganistán.

¿Cuál fue tu primer contacto con el fútbol?

Mi familia y yo nos mudamos de Afganistán a Dinamarca en 2002 para escapar de la guerra. Mis padres pensaron que era la mejor decisión para dar un futuro mejor a mis 4 hermanos y a mí. Solíamos vivir en una zona de refugiados con grandes edificios y con mucha gente de diferentes países. Fue entonces mi primera conexión con el fútbol, jugando con esos chicos en las calles. Yo era la única chica que jugaba, en ese momento no lo pensé, simplemente lo disfruté mucho. Ahí es donde me enamoré del deporte. Me sentí libre y segura. Viniendo de un país en guerra, eso era mucho.

¿El fútbol te ayudó en el proceso de adaptación en Dinamarca?

Sí, totalmente, me ayudó mucho durante mi infancia. Comencé a jugar fútbol en las calles hasta que un día una mujer, que terminó siendo mi primera entrenadora, estaba paseando a su perro y me vio. Vino a mí y me dijo que había un club local donde otras chicas juegan fútbol, ​​al que podía unirme ¡Estaba tan emocionada de descubrir que no era la única chica que jugaba al fútbol! El contraste con mi país de origen fue enorme y jugar con esas chicas me ayudó mucho, especialmente con el idioma. Mis compañeras de equipo eran todas danesas, así que me vi obligada a aprender rápidamente para poder comunicarme. El fútbol resultó ser mi herramienta para aprender el idioma más rápido. Hizo las cosas más fáciles. En 6 meses ya hablaba danés.

Te convertiste en jugadora profesional en Dinamarca y tuviste la oportunidad de representar al seleccionado, pero elegiste jugar para Afganistán. ¿Por qué?

En realidad, es algo que un medio digital distorsionó. Si bien creo que tenía mis chances de terminar siendo elegida para representar a Dinamarca, nunca me fue ofrecida la oportunidad. Pero incluso si me hubiesen dado la chance de hacerlo, hubiese optado por jugar para Afganistán porque creo que puedo hacer una diferencia en mi país, donde hay mucho que hacer y considero que yo puedo tener un rol importante en esa evolución.

El fútbol femenino ha crecido mucho, pero en Oriente Medio el crecimiento es más lento ¿Cuáles crees que son las razones de esta situación?

Principalmente porque tendemos a centrarnos en lugares donde el fútbol es más popular, lugares más desarrollados, con acceso a Internet y redes sociales masivas. Es mucho más fácil que el fútbol crezca en esas condiciones, donde los eventos, noticias o acciones de los protagonistas se comparten todo el tiempo y llegan a mucha gente y muy rápido. En lugares como Afganistán es diferente, es más difícil porque no todo el mundo tiene acceso a Internet. Y en estos días en que las redes sociales tienen un papel fundamental es una gran desventaja.

Comparto todo lo que puedo sobre mi país para que la gente que me rodea, mis contactos y conexiones sepan que están sucediendo cosas en Afganistán. Son pequeños pasos hacia un futuro mejor.

¿Sufriste experiencias negativas relacionadas con el fútbol por impedimentos socioculturales?

Eso siempre pasa, existe una gran barrera cultural. Hay muchas personas con un tipo de mentalidad muy diferente a las que hay que convencer de que está bien que las niñas jueguen al fútbol y ​que no es un deporte de hombres. Es algo contra lo que hay que luchar. Cuando volví a Afganistán por primera vez en 2014, sentí cómo la gente me miraba con ojos críticos cuando iba a entrenar. Eso nunca me pasó en Dinamarca. Siento que es increíble el esfuerzo y el sacrificio que las mujeres afganas y todas las niñas de Medio Oriente ponen para ir a sus entrenamientos. Necesitamos abrazar ese esfuerzo para que encuentren el valor para continuar sus sueños. Existe una edad específica en la que la presión social sobre decisiones como el matrimonio, la maternidad se convierte en una carga demasiado pesada para que las niñas sigan practicando deportes, y no tiene por qué ser así. Mi misión es ser un modelo a seguir para esas chicas, aunque soy consciente de que no vivo en las mismas condiciones que ellas. Mi respeto y admiración por ellas es inmenso. Pasan por cosas terribles, les arrojan piedras, las escupen y la gente las mira de forma extraña. Esas chicas necesitan esconder que son jugadoras de fútbol todo el tiempo y es realmente triste. Deben estar orgullosas de lo que hacen y no avergonzarse ni temer mostrarlo. Mis compañeras de equipo están haciendo un gran trabajo con todo eso, tratando de superar esas barreras y continuar jugando.

De este lado del mundo estamos bajo una gran influencia de los medios de comunicación occidentales y su manera de ver y comunicar, y por ello quizás no logramos tener total o real conocimiento de la situación en los países del Medio Oriente. ¿Cómo la describirías?

En cuanto al deporte, en Afganistán las cosas están definitivamente avanzando, aunque no al ritmo que queremos o pretendemos. Estamos logrando mejoras que valen la pena dar a conocer. Hoy existe una liga de fútbol femenina, hace unos años era impensado que eso ocurra y hoy es una realidad.

Por suerte, la situación general no es como aquella en la que nací, cuando el régimen Talibán gobernaba el país. Ellos básicamente matarían a una mujer por jugar fútbol. Estoy feliz de que se hayan ido, y espero que nunca más retomen el poder porque son las mujeres y los niños los que más sufrieron durante su mandato. Las cosas que vi siendo tan joven fueron terribles, horripilantes. Ningún niño debería pasar por situaciones como esas.

24/09/2019 Shabnam Mobarez tras recoger el premio a la selección femenina de Afganistán en World Football Summit.

Tras las denuncias de abuso sexual iniciadas por varias jugadoras del seleccionado nacional contra entrenadores y dirigentes de la Federación Afgana de Fútbol (AFF), en 2018 la FIFA decidió sancionar al expresidente de la AFF, Keramuudin Karim, con una prohibición de por vida para ocupar cargos futbolísticos, y una multa de 1 millón de francos suizos (1,1 millones de dólares), luego de ser encontrado culpable por el comité de ética de la organización que comanda el fútbol a nivel mundial.

Sin embargo, el caso criminal contra Keramuudin Karim continúa en Afganistán donde fue acusado por la Procuración General de abusar reiteradamente de al menos cinco futbolistas entre 2013 y 2018, cuando se desempeñaba como presidente de la AFF. Actualmente se encuentra fugitivo de la justicia.

¿Cuál es la actual situación del fútbol femenino en Afganistán luego de los casos de abuso sexual en la Federación?

En la selección nacional, la situación aún no llegó a un desenlace. El caso contra Karim y la AFF está llevando tiempo, tenemos que mantenernos pacientes, unidas y fuertes. Estamos intentando llevar justicia a las jóvenes y víctimas sin dejar que nadie involucrado en el caso se vaya libre de cargos y establecer una declaración en Afganistán: que este tipo de comportamientos no deben ser aceptados en ningún ámbito. Se trata de una causa muy importante para nosotras, porque es algo de lo que nadie nunca habló en nuestro país. En la cultura en la que vivimos estas cosas no se mencionan porque es más fácil culpar a la mujer, a la víctima. Por lo tanto, el hecho que seamos nosotras las primeras en romper el silencio representa un gran paso. Ojalá que haya justicia y los hombres comiencen a reflexionar sobre sus comportamientos hacia las mujeres, o al menos que teman por las consecuencias de sus actos. Estamos en el año 2020, ya es hora de que las cosas cambien, de que las mujeres alcen sus voces sobre la opresión que sufren, sobre sus derechos y sobre lo injusto de su condición. Deberíamos dejar de normalizar actitudes machistas para que las siguientes generaciones aprendan de los buenos ejemplos y continúen cambiando las cosas para mejor.

¿Cómo lográs balancear tu vida entre tu rol como capitana de la selección nacional y tu rol como activista por el cambio?

Pienso que lo que es importante y único sobre el seleccionado de fútbol femenino es que estamos todas juntas persiguiendo un objetivo, que es mucho más grande que el futbolístico: queremos contribuir a crear una voz para las mujeres afganas. Estar todas alineadas en esa meta genera una gran conexión entre nosotras. Personalmente percibo una enorme responsabilidad porque siento que, como capitana, cargo sobre mis hombros a todas las mujeres de mi país. Eso me pone muy orgullosa, pero también es una gran presión, y por momentos puede ser muy difícil lidiar con ello. A veces me pregunto si soy lo suficientemente fuerte para soportar ese peso. No se trata solo de mí practicando el deporte y haciendo las cosas bien en el campo de juego, sino también de ser un modelo a seguir para esa niña pequeña que me está mirando; de representarme a mí misma con dignidad y respeto. Y hay un montón de gente juzgándome, criticando lo que sea que haga y esperando que me equivoque. Recibí un montón de apoyo de parte de los afganos, pero también me han dicho que no merezco lo que logré, que no luzco como una afgana, que no hablo el lenguaje correctamente, y otras cargadas de odio con las que me tengo que enfrentar. De todas formas, termino usando eso como combustible motivacional.

Participaste en campañas como “Voice4Voiceless”, incluso recibiendo un premio internacional por ello en 2019. ¿En qué actividades estás involucrada actualmente?

Ahora me encuentro trabajando con “Girl Power”, una organización que le brinda soporte a mujeres en condiciones adversas, a través del fútbol. En Dinamarca organizamos campos de entrenamiento para refugiados. El objetivo es introducir a esas personas a la sociedad danesa, de manera que puedan adaptarse mejor y más rápido a la vida en el país. Similares campos de entrenamiento se están llevando a cabo en países como Pakistán y Afganistán.

Ver gente creando lazos sociales gracias al fútbol es algo realmente hermoso, eso es impresionante. Cuando una niña atraviesa esa experiencia, entonces se lo cuenta a sus amigas y así es como la palabra se difunde en lugares donde no hay redes sociales y es el verdadero triunfo.

Una vez subiste a tus redes sociales una foto sosteniendo una camiseta de Racing Club. ¿Cómo se dio esa situación?

¡Ese fue un hermoso regalo! Me encontraba en Madrid, en el evento de World Football Summit (WFS), y había allí también gente representando al Racing Club. Luego de la ceremonia, ellos se acercaron a mí y me dieron una preciosa camiseta firmada por todas las mujeres del equipo femenino del club. ¡Me hizo sentir tan honrada y agradecida! El hecho de que personas de un país tan distante sepan sobre mi lucha y me reconozcan por ella me hace tan feliz… Desearía saber más sobre su historia y su propia lucha. Estoy segura que ellas también tienen mucho para contar.

¿Tenés alguna conexión con el fútbol argentino?

Soy una gran fanática de Messi. Lamentablemente no sé demasiado acerca del fútbol femenino, excepto que han demostrado lo mucho que han crecido con su gran desempeño en la última Copa del Mundo.

A partir de septiembre del 2020, la Federación brasileña de fútbol estableció la igualdad salarial entre hombres y mujeres que participen de los seleccionados nacionales. A esta reglamentación se sumó Inglaterra, que, desde enero del 2021, sus seleccionados femeninos y masculinos percibirán los mismos ingresos (£1.000 por partido). En EE.UU, el Presidente Electo Joe Biden, quien fuera embajador del fútbol en la gestión Obama, promovió en campaña electoral realizar la reforma por la igualdad salarial en su país.

¿Cuáles creés que deben ser los próximos pasos para el fútbol femenino?

Globalmente el deporte se está moviendo en la dirección correcta. Brasil implementó la igualdad salarial entre fútbol femenino y masculino, seguido por Inglaterra, y también las mujeres están siendo mejor pagas a nivel clubes. Así que, basándome en eso, creo que los países occidentales están dando buenos pasos; pero regiones como el Medio Oriente siguen aún en el olvido. Deberíamos continuar creando oportunidades para las mujeres, y promocionar todos los deportes, no solo el fútbol. El deporte es un agente de cambio. Organizaciones como FIFA deberían jugar un rol principal en este desarrollo, asegurándose de que el dinero invertido llegue efectivamente a los lugares y a la gente que los necesita para que las chicas de cada país puedan soñar con convertirse en jugadoras de fútbol, y no temer por ello. De lo contrario, la corrupción continuará siendo un obstáculo. Necesitamos que todo ese dinero se transforme en una mejor educación.

¿Cuál es tu sueño como futbolista?

Mi sueño es ver al seleccionado afgano de fútbol femenino jugar la Copa del Mundo. Sinceramente no creo que mi generación lo logre, pero tengo fe que al menos antes que muera voy a ver a una selección afgana representando a nuestro fútbol y a nuestra lucha en la Copa Mundial.

Agustín Palmisciano y Julián Luppi.

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