Huérfanos de Club

¿Qué pasaría si mañana el club del que sos hincha dejara de existir? Se te viene todo abajo, no lo podés creer. Sentís como se te borran los fines de semana del calendario. Ahora vas a tener que elegir entre ver una película o ir a comer a lo de tus suegros. Pensás que nunca más vas a gritar un gol, a lo sumo alguno de la selección. Pero no vas a gritar más un gol de tu club, de tu club que murió. Ahora sos huérfano, un hincha huérfano.

Por: @Ezequiel_Olasagasti y @Tomaslorenzo22@Globalonet.web


Muchas de las mejores historias del premio Nobel de Literatura, José Saramago, nacieron de imaginar ¿qué pasaría sí? En “Ensayo sobre la ceguera”, la historia se desprende de la premisa ¿Qué pasaría si todos nos quedáramos ciegos? En “Las intermitencias de la muerte”, el desencadenante es: ¿Qué pasaría si unos días todos dejaran de morir? A partir de estas ideas fantásticas Saramago no solo cuenta una historia, la utiliza como metáfora de la realidad que vivimos. Pero… ¿Qué tiene que ver esto con el deporte? Bueno, si se lo preguntan es porque así son las columnas de los sábados, de lo contrario sabrían que acá todo está empapado de literatura. Sigamos.

Lo que voy a plantear es un escenario al estilo Saramago. Un ¿Qué pasaría si? Pero lo que tal vez les genere más escozor es saber este disparador ocurrió de verdad. Por lo tanto, lean el siguiente enunciado con el temor de saber que pudo pasarle a ustedes como le pasó a muchos otros en el pasado: ¿Qué pasaría sí mañana el club del que sos hincha dejara de existir?

La noticia te llega. Por un amigo, por un mensaje, lo ves en un noticiero cuando pasas en el zapping para chequear la temperatura y ver si va a llover. Pero te enterás. Y te enterás rápido, como todas las malas noticias, como cuando te avisan la muerte de un ser querido. Se te viene todo abajo, no lo podés creer. Lo peor de esta idea es que puede suceder, no hay realismo mágico o fantasías sin  explicación lógica. Que te despiertes un día sin club es una posibilidad real, tan real que ya ha ocurrido varias veces.

A la muerte de los clubes nada les importa. Podés haber ganado dos copas de Europa y una Recopa a finales del siglo. Podes haber visto pasar por tus planteles nombres como el de Cannavaro, Thuram, Crespo, Buffon y Verón y, aun así, desaparecer del mapa como le paso al Parma de Italia. Podés ser el equipo más antiguo de España con más de 120 años de historia e igual sucumbir como le pasó en su momento al Recreativo de Huelva.

En la Argentina no estamos salvados de este panorama. Esa pasión desenfrenada que tenemos como hinchas, que llega a impactar a los extranjeros cuando les toca venir, no nos salva de las deudas. Es más, somos Argentina y si hablamos de problemas de deudas, bueno, el que esté libre de una que tire la primera piedra. Varios equipos que hoy viven solo en el imaginario colectivo como Mandiyú de Corrientes o Chaco Forever sucumbieron a principios del siglo XXI. Desenlace final del caos económico que nos tocó vivir a todos en los ´90. Porque el menemismo no fue solo el cierre de fábricas o estaciones de trenes de las que dependía un pueblo entero. El liberalismo de “Carlos primero de Anillaco” significó la quiebra incluso de la cuna de miles de hinchas.

“Ver la faja de clausura en el club, conocer la deuda multimillonaria que tenía y enterarse de que ya no podía participar del fútbol profesional fue un golpe muy grande”, dice Edgardo Imas, hincha y miembro del departamento de historia de Atlanta. Uno de los clubes más representativos de la Capital federal, con más de cien años de historia y con una copa nacional en sus palmares. Imas cuenta que en su juventud de hincha pudo notar el abandono que poco a poco fue sufriendo el club a finales de los ochenta. Esto sumado a la pésima administración del por entonces presidente del club Aníbal Diman.

También explica que la prohibición del club para jugar fútbol de manera profesional fue de apenas unos meses, jugó la primera fecha con Sarmiento en Junín y disputó hasta la octava fecha con Armenio. Luego llegó el parate impuesto, durante el cual el torneo siguió y Atlanta no jugó. Volvió a presentarse con Sarmiento, pero en el partido correspondiente ya a la segunda rueda. Lo que tomo tres años fue levantar la deuda en la que estaba inmerso el club. Sin embargo, en el momento, nadie sabía que la prohibición era de solo uno meses y la incertidumbre de haber perdido el club para siempre era una posibilidad.

“Por mi cabeza pasó pensar que si Atlanta desaparecía a qué club iba a seguir o que ya no iba a seguir a ningún club. Pasaron muchas ideas extrañas por la cabeza. Incluso lo lleve a terapia”, agrega Imas y explica que el caso del club Temperley, que estuvo desafiliado de la AFA durante un tiempo prolongado, planteaba un problema existencial a futuro en los hinchas que vivieron esa época.

“Vivimos la quiebra como si se nos derrumbara todo. El lugar donde crecimos ya no existía más. Me fui a córdoba seis meses, cuando volví y vi el club destrozado me largué a llorar”, cuenta Sergio Bello, vecino del barrio y ferviente hincha de la institución bohemia que le toco vivir esos años. “Nos metíamos de noche a recuperar cosas. La verdad estábamos robando porque estaba todo embargado”, cuenta Sergio, o “El Bicho” como lo conocen en el club. Explica que fue su forma de ayudar como un pibe que no tenía la capacidad económica para colaborar para saldar la deuda.

“Atlanta nunca dejó de existir. Había gente que se movía. Se armó una comisión de apoyo con los socios y pudimos salvar la cancha”, recuerda Sergio como en ese momento se barajó la idea de vender el estadio, recuperar la cede y hacer la nueva cancha en Villa Celina. “Ahí sí hubiésemos desaparecido porque hubiésemos perdido toda la identidad barrial que tenemos”, finaliza.

Los números millonarios del fútbol son una parte corriente de las noticias futbolísticas y los hinchas han dejado de tomar real dimensión de lo que significan. Desde las ventas de los jugadores en cifras que no sabemos ni cuántos ceros llevan a la cantidad de millones que una institución debe al estado, a los privados y a los propios cuerpos técnicos. Tal vez una desaparición nos pueda parecer, hoy en día, un escenario imposible o reservado solo para clubes del torneo argentino. Tal vez porque, a veces, la historia más cercana es la que más se pierde. Ya que ¿Cuántos años han pasado desde que Liliana Ripoll, contadora de Racing club, pronuncio la fría sentencia “Racing Club Asociación Civil ha dejado de Existir?

Ezequiel Olasagasti – Tomás Lorenzo Radunsky

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