¿Hasta cuándo?

Padre e hija miran el partido de su equipo, lo viven como un ritual. En época de pandemia, la imposibilidad de ir a la cancha genera una puesta en escena en el hogar, donde le hablan a la tele, surge algún insulto y, también festejan. Hay gol, se abrazan, lo hizo el que siempre aparece, el goleador histórico. El partido termina con victoria por la mínima. Pronto, las cámaras se apagan, la hija y el padre se van a dormir, y la vida de quien dio el triunfo al equipo sigue, sin saber bien cómo.

Por: @Agustinpalmis @Globalonet.web


En la Primera División del fútbol argentino sólo 6 clubes de 26 tienen psicólogo deportivo, cuenta el periodista Ezequiel Fernández Moores. Actualmente, donde solo importa los resultados y las ventas, las deudas crecen, y no solo son por billetes, también con la parte humana. Los verdaderos protagonistas no tienen asistencia profesional para tratar el boom de los aplausos y la soledad. Se tapa el sol con la mano.

Santiago “El morro” García, jugador de Godoy Cruz, estaba pasando una crisis depresiva y lo dejaron solo. El uruguayo de 30 años, se encontraba aislado en su casa por positivo de Coronavirus y su momento personal lo llevó a tomar la decisión de suicidarse. Claudia Correa, madre del fútbolista, responsabilizó al presidente José Mansur, quien dijo: “Lo voy a tener seis meses corriendo en el pasto”. García iba a ser transferido a Nacional de Uruguay, pero Mansur no lo habilitaba y esperaría a que el contrato del jugador venciera en junio.

Mansur, de 57 años, ligado a la política del club mendocino desde 2001 y llegó a la presidencia en 2013. Al enterarse del suicidio del jugador, el sábado 6 de febrero, no regresó de sus vacaciones en Cariló, ni dio sus condolencias a la familia. También se había referido al ídolo del club como “Un líder negativo”.

En el ambiente del fútbol, tan arraigado a costumbres machistas, al jugador se le exige que no muestre flaquezas, que siempre esté positivo, concentrado y que solo viva para el fútbol. Pero este trágico desenlace no es un caso aislado, sino todo lo contrario. Mientras tanto, el sindicato de futbolistas, la AFA y los clubes hacen caso omiso, y siguen con las exigencias de una maquinaria que parece no tener fin.

Mirko Saric, de 21 años, jugaba en San Lorenzo cuando decidió ahorcarse en su departamento del barrio Porteño de Flores, en el año 2000. Padecía depresión. Al árbitro Fabián Madorrán, lo despidió la AFA en 2003, por “mala aptitud física”, los problemas personales y los rumores de su homosexualidad en programas de televisión lo llevaron a la depresión. Finalmente, se suicidó de un disparo en el Parque Sarmiento de la Provincia de Córdoba. El listado sigue con jugadores del ascenso, y también retirados de la actividad profesional.

Rubén “Chapa” Suñé, no le encontraba sentido a la vida tras el retiro, e intentó suicidarse arrojándose al vacío, en 1984. Se salvó de milagro, y las secuelas lo acompañaron hasta su fallecimiento en 2019. Roberto Mouzo, el jugador con más partidos en la historia Xeneize, declaró en Infobae en marzo del 2020: “La muerte de mi mujer me afectó mucho, de repente me quedé solo, me llegué a sentir un jubilado joven. Tuve una depresión terrible, que casi me lleva a la muerte. Estuve a punto de suicidarme. Me salvó un perro ovejero que yo tenía”. Julio César Toresani: “El huevo”, se suicidó en abril del 2019. El ex jugador de River, Independiente y Boca, se encontraba sin trabajo y con serios problemas familiares.

Daniel Fonseca, de 51 años, jugó en clubes como la Juventus, Napoli, Roma y River Plate. Hoy, es representante de futbolistas, entre ellos, el Morro, y poseía el 50% del pase del delantero. “Lo exprimieron hasta el último segundo”, dijo Gonzalo García, hermano del jugador, refiriéndose al presidente Mansur y Fonseca que, para evitar maniobras ilegales, su nombre no figuraba como apoderado del jugador, sino un club uruguayo: Atenas San Carlos (Perteneciente al grupo Pachuca).

Mientras la pelota vuelve a rodar, los minutos de silencio en estadios vacíos estarán presentes recordando al Morro. La pregunta que queda en el aire es ¿Hasta cuándo? En Alemania, tomaron nota del suicidio del arquero del seleccionado nacional Robert Enke, en 2009. Poniendo en marcha la asistencia a futbolistas por casos de depresión.

Los hinchas reconocen a sus ídolos. Quizás, padre e hija fueron a despedir al ídolo. Pero en la contracara del fútbol, la exigencia y el pedido de resultados puede más que la parte humana, y debiera ser al revés, porque eso volvería mejor al fútbol. Hasta siempre, Morro.

Agustín Palmisciano.

De la gloria a la nada

Andrés Iniesta, autor del gol más importante de la historia del fútbol de España, el del triunfo en la final del mundial de Sudáfrica 2010 frente a Holanda, contó en su libro que padeció depresión en 2009. Uno de sus mejores amigos, Dani Jarque, jugaba en el Espanyol y murió sorpresivamente de un ataque cardíaco. “Cuando conocí la noticia tuve la impresión de sentir un fuerte golpe que me hizo caer muy para abajo. Nada tenía sentido”, cuenta el ex capitán del Barcelona y campeón mundial. Las autoridades del club y sus compañeros cuidaron de él, llegó a irse en medio de los entrenamientos. Su padre José Antonio, dijo: “Cuando tu hijo de 25 años viene en medio de la noche a querer dormir con sus padres, es porque algo realmente mal está ocurriendo. Le pregunté y dijo que no sabía, solo que no estaba bien”. Años más tarde, Iniesta destacó el trabajo de su terapeuta Inma Puig y del entrenador del equipo culé de aquel entonces, Pep Guardiola, que lo ayudaron a superar la enfermedad.