Jenniffer Dahlgren: “Construirse en base a los resultados es peligroso”

Haber participado en 4 juegos olímpicos y 7 mundiales la convierten en una referente argentina. A los 5 años empezó a practicar deportes, entre ellos el fútbol. Por trabajo de su familia, parte de su infancia la pasó en Brasil y Estados Unidos, hasta que regresó a Argentina con 14 años, en 1997. Ante la falta de infraestructura dejó el fútbol y una profesora del colegio la llevó al Cenard a probar suerte en una disciplina individual extraña para muchos: El lanzamiento de martillo. “Fue amor al primer lanzamiento”, cuenta. Sin embargo, mientras el deporte le abrió algunas puertas, los prejuicios les cerraron otras. Por ser alta y grandota, sufrió bullying: “Llegaron a medirme la espalda con una regla”, recuerda Jenniffer.

Por: @Agustinpalmis @Duendeverde83@Globalonet.web


¿El alto rendimiento es salud?

No. Pero es maravilloso. Te exige todos los días, y no solamente el tiempo en el que estás en el gimnasio, la pista o lo que sea. También es en el entrenamiento invisible, el descanso, la alimentación, la recuperación y la kinesiología. Son muchas horas del día y todo el tiempo estás exigiéndole a tu cuerpo a pasar el límite. Siempre es al límite. Yo por suerte en 23 años tuve pocas lesiones, pero es fuerte y se paga.

¿Cuánto hay de impronta del deportista y cuanto de entrenamiento al momento de la competencia?

Creo que mi error fue, por ejemplo, en los 6 años que me fue mal, entrenar cada vez más. Porque yo pensaba que para dar vuelta el resultado tenía que dar más de mí y dejar más de lado a los amigos, ponerle más a esto. Hasta que en cierto momento me di cuenta que no disfrutaba nada, y empecé a encontrar el equilibrio. Me sentía muy limitada con los horarios y sentía que no tenía vida. Después del 2016, hablé con mi entrenador y le dije que necesitaba otra cosa. Ahora, sigo entrenando, pero desde otro punto, disfruto de poder ir a buscar a mi sobrino al colegio, de ir a tomar mates al río con mi perra. Son cosas muy simples que me hacen bien y antes no las hacía. El deportista de alto rendimiento todo el tiempo se está fijando si está cansado o no, si le duele algo o no, porque al día siguiente tenés que volver a rendir y no te querés cansar de más. Hoy, vivo el aquí y ahora y si estoy cansada al día siguiente entreno igual, pero con menos exigencia. Es lo que tuve que hacer para volver a encontrarme bien en la pista y me costó mucho. Pero hoy estoy cerrando mi año 23 del alto rendimiento de buena forma.

¿Pensás en el retiro?

Sí. Todavía no tengo muy cierto como va a ser mi año. Yo me iba a retirar el año pasado después de Tokio. Obviamente fue un año muy difícil para todos. Me estaban bajando un poco las ganas y la motivación. Estaba dispuesta a dejarlo todo para esos seis meses. Además, en 2019 me rompí el pie, me tuve que operar y estuve 6 semanas con yeso y dije: “Bueno, dejo todo para llegar bien a los Juegos”. Cuando estoy por empezar a competir se empieza a cancelar todo, fue muy difícil, empecé a entrenar desde casa y faltaban elementos. Pero en lo anímico fue lo que más me costó, para el atleta las ganas y la motivación son muy importantes y eso en casa nos faltaba a muchos.

Quienes te seguimos en las redes veíamos que tras la pandemia algo tan simple como tu primera salida en bicicleta a la nutricionista fue similar a haber ganado un torneo… ¿Para la dinámica del deportista fue muy duro?

Sí. Si bien yo hago un deporte individual, entreno con un grupo, tengo un entrenador y con un objetivo cercano en el tiempo. En mi caso encima era el último. Lo vienen postergando mucho y me cuesta. No quiero hablar de más porque son cosas que estoy procesando. La verdad es que no sé si se va a hacer Tokio, no sé si voy a ir. Me preparo lo mejor que pueda, como si fuera a ir, quemando mis últimos cartuchos. Sentir que en 23 años de carrera profesional dejé todo y que pude estar en todos los torneos que quise estar es mucho. En algunos me fue bien y en otros mal, pero en todos tuve un aprendizaje y un crecimiento. Este año el objetivo principal es el de cerrar mi etapa de deportista.

Con logros importantes como ser top ten mundial…

Y tres años. Tuve logros importantes, recuerdo siempre lo que pasó después del 2012, me fue muy mal. A fines del 2011 llegué a la final del mundial de Daewo, fui la primera mujer en clasificar a una final. Eso tuvo un boom mediático, de golpe apareció la prensa y no lo supe manejar, sentía que todo eso era una presión extra, y cuando llegó marzo del 2012, yo no quería hablar más de los JJ.OO de Londres que se hacían en agosto. Me sentí muy presionada, viéndolo a la distancia entiendo porque las cosas se dieron como se dieron, yo no estaba bien anímicamente. Ese resultado me costó mucho y no quería repetir el mismo error, pero no lo podía soltar. Durante un tiempo me seguía tropezando con malos resultados, clasificaba a otros mundiales o sudamericanos, pero lo sufría como si tuviese un fantasma que me perseguía. En 2018 estaba entrenando bien, tratando de dar vuelta la cosa con mucho trabajo, yendo al psicólogo y me lesiono, eran los juegos Odesur. Dentro de esa competencia empecé con una entrada en calor pésima, y fui mejorando tiro a tiro, estaba primera y después me pasaron, en el último tiro logré pasarla por cinco centímetros. Ese torneo fue clave, fueron 6 años de luchar para sentirme libre en una competencia y en ese tiro lo conseguí peleando de punta a punta. Esos 6 años malos, fueron en cierto modo los mejores, porque la peleé para volver a ser campeona, sobre todo porque me di cuenta que siempre me sentí así. En ese torneo callé a todas las personas que hablaban mal de mí. En toda mi carrera tuve altibajos, pero esos 6 años fueron los más satisfactorios.

¿Qué lugar ocupa la victoria en tu carrera?

No solo es ganar y llegar a los Juegos Olímpicos. En el atletismo son otras cosas, es mejorar la marca personal, tenés logros tangibles que después se pueden reflejar en sueños grandes como la clasificación a un Juego Olímpico. Soy muy competitiva, pero siempre depende de los objetivos que uno se pone. Si hubiera sido un queso en lanzamiento de martillo seguro hubiese hecho otro deporte.

¿Se aprende más en las malas que en las buenas?

Totalmente. Cuando todo sale de taquito es fácil. Es difícil cuando estás entre la espada y la pared, te llenas de dudas y pensás en cómo salir. Esas situaciones son las que te definen, las que te hacen cambiar. En 2018, después de ese torneo gané el Iberoamericano y fui la única argentina en competir en la Copa Continental. Ahí decidí ir a Tokio. El 2019 fue un año malo, con dificultades y después llegó la pandemia. Por eso digo que no sé qué va a pasar con los Juegos, pero me enfoco más en mí. Las medallas, los trofeos o ir a un juego olímpico más, no me define. Si quiero cerrar una etapa entrenando fuerte como me gusta y eso para mí es lo más importante.

¿Cómo llegaste al lanzamiento de martillo?

De chica pasé por varios deportes, jugaba al fútbol, básquet y otros más, hasta el día de hoy cualquier disciplina que se me cruza la practico, me gusta. Ahora estoy con el golf hace tres años y me encanta. Lo hago renegar a mi entrenador, pero no importa. Cuando volvimos al país con mi familia ya me estaba volcando al deporte individual, entonces a partir de una profesora del colegio empecé a venir al Cenard. Ahí conocí a mi primer entrenador, Andrés Charadia, él me vio condiciones. Ahí empecé y fue amor al primer lanzamiento, al toque mejoré, y ese primer año fueron los Juegos Evita. Gané, fue muy rápido mi ascenso. A la distancia creo que me gustó tanto porque encontré ahí la aceptación que no tenía en el colegio, donde se burlaban de mi cuerpo, mientras que en el Cenard era mi talento y ventaja. Era todo lo contrario a lo que me pasaba en la escuela y eso me marcó en toda la carrera. Desde el principio sentí que era lo mío. Me enamoró y por suerte me fue bien, pero si no tenía las condiciones, tal vez hubiera seguido, pero haciendo otra disciplina a la vez.

¿Qué es el deporte para vos?

No solo fue una carrera, a los 14 años cuando yo estaba transitando una situación muy dura de bullying en el colegio sentía que mi cuerpo estaba fuera de límite y no encontraba ropa, me sentía muy disgustada con mi cuerpo. La adolescencia es una etapa muy formativa de la vida. Sentía que no tenía de donde construirme,  cuando empecé a hacer lanzamiento de martillo y me empezó a ir bien pude construir a partir de esos buenos resultados. Pasé a ser la Jenni que batía récords, que participaba en mundiales de menores y la que era promesa del deporte. Años después tomé conciencia de lo peligroso que puede ser construirse a base de los buenos resultados, porque no siempre están. Lo de Londres 2012 fue un terremoto interno donde me preguntaba por qué me había afectado tanto, en ese momento pensé que lo había manejado bien y no era así. Me sirvió para correrme de ese lugar y entenderme, saber que esos años fueron positivos porque me formaron más como persona. El deporte fue mi vida y si bien cierro la etapa del alto rendimiento, yo sé que va a seguir formando parte de mi vida, pero desde otra parte.

¿El deporte como igualador social te sirvió para sanear las situaciones de bullying que sufriste en la adolescencia?

De muy chica trabajé con mi costado deportista dejando relegada a la mujer. Hasta los 25 o 26, si un hombre me decía que yo era linda lo tomaba como una cargada, pensaba “Yo no puedo ser linda, soy grandota”. Esas cicatrices las deja el abuso emocional que tuve. Costó mucho el trabajo de la autoestima, hoy está más firme, todavía quedan unos agujeritos donde puede llegar el aire, pero soy más consciente y lo veo diferente. Sentía que a los 14 o 15 años mi cuerpo era horrible, pero por me servía para destacarme en mi deporte. El lanzamiento de martillo y el deporte general hizo que me empiece a aceptar a mí misma. Pasaron muchos años para darme cuenta que no había nada que perdonar, es el cuerpo que me tocó para transitar en la vida. En la adolescencia yo quería ser igual a todos los demás, quería pasar desapercibida y no podía. El tema de la ropa sigue siendo un problema para conseguirla. Gracias al deporte me amigué con la Jenni mujer y la deportista.

Existe también la cuestión de los consumos y los estereotipos. Cuando salió la ley de talles tomó mayor visibilidad tu caso a partir de que te manifestaste por la sanción ¿Cómo lo viviste?

El tema de la moda es muy importante. Yo de chica quería usar todo lo que estaba de moda y usaban las chicas de mi edad y no podía, pero también gracias a eso pude ir encontrando mi estilo propio, lo fui encontrando forzadamente. Me tenía que ir muy afuera del mundo de la moda para conseguir la ropa. En el 2018 tuve un año estelar y me invitaron como deportista a la gala del G-20. Fui a un lugar a buscar un vestido, y antes había hablado con la chica y le dije “Mira que soy grandota”, me dijo que no me preocupara, que tenían todos los talles. Cuando llegué y me probé el vestido más grande, no me cerraba en la espalda. La chica obviamente se lamentó, pero yo salí a la calle con un nudo en la garganta que compartí en las redes. En la última historia terminé llorando desconsolada me daba vergüenza e impotencia. Me fui a dormir súper triste esa noche, pero al día siguiente cuando miro el teléfono, se había viralizado y habían pedidos para hacer notas de noticieros. Ahí me invitaron al programa de Mirtha y al de Moria a hablar de esto. Yo no sabía, pero a las 2 semanas se trataba el proyecto de la ley de talles, fue una casualidad. Ya venía hablando del bullying y del cuerpo, el error es creer que nosotros deberíamos entrar en la ropa y no que la ropa nos entre a nosotros.

El tema de la moda nos afecta en nuestra autoestima. En 2018, me escribió la madre de una hija fanática de una marca de ropa teens, como no le entraba esa ropa empezó con trastornos alimenticios y a los dos años murió. Es un caso extremo, pero me quedó marcado. Me llegaron miles de mensajes, y sentí que no estaba sola. Es un tema muy complejo, cuando salió la ley de talles me pareció genial pero todavía falta mucho trabajo para que las empresas lo lleven adelante.

¿A tus colegas deportistas les pasa algo similar?

Entre nosotros no está el prejuicio de los cuerpos, cada uno aprecia el talento deportivo, que es lo que se luce. Lo que sí te puedo decir es que muchos tienen inseguridades con su cuerpo. Un amigo mío, atleta olímpico, usaba dos pantalones cuando iba al colegio para que no le vean sus piernas flacas. Otra amiga deportista le da vergüenza usar short para que no le vean las piernas musculosas. A las deportistas nos han hecho llegar comentarios machistas, por ejemplo: “Te juego una pulseada”, ¿Por qué? ¿Necesitas demostrar que sos fuerte? O te dicen que seguro cagas a trompadas a tu novio, esas cosas denotan la inseguridad del hombre por una mujer deportista y fuerte. Esos comentarios entre los deportistas no pasan, pero si del afuera.

¿Te pasó de recibir comentarios por tu deporte?

Casi toda mi infancia fue en Estados Unidos, donde jugar al fútbol, es el equivalente al hockey en Argentina. Allá, el fútbol es mucho más común. Cuando volvimos a Argentina en el 97, yo entré al colegio y hablaba muy poco español, lo que hacía era jugar al fútbol porque desde los 5 años lo hacía. Acá quería jugar al fútbol con los chicos y no me dejaban, las chicas, capaz por envidia a esa atención, me decían machona. Años más tarde me preguntaron que sentía yo jugando en una disciplina masculina, y yo pregunté por qué el lanzamiento de martillo es masculino, ¿Porque se lanza algo? ¿Por ser fuerte?, yo me río, porque a veces llego a entrenar con pollera, trenzas y las uñas pintadas. Creo que la femeneidad la tiene que sentir cada una como quiere. La pelota de fútbol no reconoce el género, quiere que vos juegues con ella, y nosotros somos los que le ponemos el estigma de si es para varones o mujeres. Cada uno tiene que hacer lo que le hace feliz.

¿Marcas algún momento exacto en tu vida de cara a la aceptación con tu cuerpo?

Si bien ya lo venía trabajando con amigos y en terapia, fueron 3 los momentos que veo. En el 2015, me llama un amigo periodista deportivo y me propone hacer las fotos del boddy issue de ESPN, que por primera vez iba a hacerse en Latinoamérica. En primer momento dije que ni loca, pero me propuso pensarlo unos días, yo soy de pensar las cosas despacio, lo vi desde el lugar de la oportunidad porque siempre me avergoncé de mi cuerpo, ese cuerpo que me llevó a jugar 4 juegos olímpicos, 7 mundiales, record sudamericano. Entonces decidí hacer las fotos mostrando como soy yo. Cuando me paré en el escenario y me saqué la bata sentí mucha vergüenza, pero también mucho orgullo. Por ahí una chica adolescente me ve a mí y se siente identificada con la situación que ella está pasando y la ayudo, entonces vale la pena. Al año siguiente escribí mi primer libro de cuentos: El martillo volador, es muy autobiográfico, trata que muchas veces ser diferente es difícil, pero te puede llevar a ser extraordinario. Ala semana me llamaron para una charla TED, hablé por primera vez del tema del bullying. Entonces esas tres cosas son las que me marcaron en cuanto a mi relación conmigo misma y mi cuerpo. Hoy lo sigo trabajando, pero ese fue un momento clave, tenía 30 años. Sigo construyendo y corrigiendo cosas de mi autoestima pero hoy soy otra persona.

Además, en el libro hablas de otros deportes…

Sí, cinco deportes y todos olímpicos. Lanzamiento de martillo, Judo, Esgrima, Hockey y Remo. Cada uno tiene una moraleja diferente, como la timidez, la individualidad y el trabajo en conjunto. Cada cuento tiene un referente que fue a los JJ.OO. Además de querer compartir mi historia, también puede ayudar a los chicos como un puente para que conozcan más a los deportistas argentinos y que los padres puedan tener otra herramienta para hablar de ciertos temas con sus hijos. Son cosas que yo no pude hacer, una de las cosas que genera el bullying es mucha vergüenza y aislación,  mis padres se enteraron a mis treinta años del detalle de todas las situaciones que pasé. Yo sentía mucha vergüenza y agradezco que al momento que iba a la escuela no existían las redes sociales ni el Whatsapp, porque en aquel momento la situación estaba contenida dentro del colegio, y al salir podía tener mi grupo de amigos del Cenard. Hoy los chicos no pueden escaparse y arrastran ese malestar todo el día y es mucho más complejo. Un día entré al aula y habían dibujado una heladera con brazos y piernas y le habían puesto Jenni. Todos se reían, se reían gratis. Me decían gorda todos los días, en el aula de física me prendieron fuego un zapato, lo tenía puesto y podría haber sido un desastre porque llevaba medias de nylon. He tratado de encontrarle el sentido a esas situaciones a lo largo de los años y todavía no le encuentro la respuesta.

Por esto también me dediqué a dar charlas en los colegios secundarios. Lo que más me marcó fue la violencia verbal, es algo que lo remarco mucho. Es una etapa muy formativa, son las bases de lo que uno va a ser en la vida y hablarles de eso es importante.

¿Te dejó algo cada Juego Olímpico?

Cada uno es diferente porque al ser cada 4 años, uno es diferente. Cuando fui a Atenas, yo había clasificado con 19 años y lo jugué con 20. El otro día me cargaban porque llegué a entrenar y saludé diciendo: “¿Cómo anda la juventud?”, y me respondió un chico de 20 años, que yo a su edad ya estaba en los Juegos, le dije que eso no importa, capaz él no llega a esa edad y sí más adelante. El deporte tiene eso, la constancia es lo importante. Cada juego para mí fue muy distinto, Londres 2012 fue mi mejor momento deportivo, y no me fue bien. Dicen que el deporte da revancha, para mí es mentira, podes tener otra oportunidad para sacarte la mufa, como decimos, pero el momento anterior se fue y no te recuperas más. Es algo difícil de aceptar, pero así funciona el deporte, es aceptar y seguir. Entender que ya pasó y que la revancha no existe.

¿Cómo te ves a futuro por fuera del profesionalismo?

Es la gran pregunta. Me junto con distintas personas para hablar. No creo que sea entrenadora y tampoco dirigente. Creo que la mayoría de los atletas no se meten a ser dirigentes porque es un lugar donde, creo yo, se reniega mucho. Ahí las cosas se hacen de forma diferente, no te quieren dejar entrar y me parece que mi futuro no va por ahí. Me parece que va por el lado de dar charlas en los colegios, pero eso es muy esporádico y como profesión es difícil. Estoy escribiendo mi segundo libro, la continuación del martillo volador, pero veré. No me asusta, me entusiasma, pero no lo decidí.

Agustín Palmisciano – Juan Manuel Ferrera

Un comentario

  1. gracias por compartir esta historia en una nota amplia y explícita de lo que siente un deportista de alto rendimiento, fuera de la competencia,,. en el día a día en principio es un ser humano,,,, felicitaciones ,,,a los autores,sdos.

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