El mejor amateur de la historia

Un partido, cero goles, veintiocho toques al balón, dos tiros al arco y treinta por ciento de pases correctos cierran la estadística de Alí Dia como jugador profesional con su único partido con Southampton. Tal vez, faltó destacar entre sus características, además de parecer un bambi en el hielo cuando se movía por la cancha, la tenacidad.  Soñaba jugar un partido en la premier, y lo logró.

Por: @Ezequiel.Olasagasti@Globalonet.web


El amateur, ese que no pudo llegar, tiene cientos de pantomimas para sentirse parte del mundo futbolístico que admira pero que ya le resulta imposible. algunos se anotan en torneos, se hacen camisetas, se ponen la cinta de capitán y festejan goles besándose el anillo frente a una esposa que, en ocasiones, está gritándole a un vástago que acaricia peligrosamente a un perro poco confiable o comiendo un chupetín que encontró bajo los asientos. Otros amateurs pagan lo que se ahorraron de una buena cena en la noche europea en la entrada a los estadios más importantes del mundo. Salen por el túnel, sienten el césped bajo sus pies y miran las tribunas imaginando flashes de cámaras y poniéndole caras difusas a los asientos. Por último, aunque hay más ejemplos, están los que se sienten más cerca del partido que cualquier otro. Los que llegan a tocar una pelota que segundos antes pasó entre las piernas de un central impulsada por un diez habilidoso. Ese que cuando entra, el árbitro para el partido, tal vez en el momento más álgido de una contra peligrosa, por invasión de cancha. O como dice la letra chica del reglamento: “El boludo que se metió al campo”. El invasor de campo se jacta días después entre el público, con  un par de neuronas menos que él, de cómo se abrazó con Messi o pateó un penal que el arquero nunca amagó atajar siquiera.

Sin embargo, los invasores de cancha son meros aficionados ante el hombre del que hablaremos hoy. El saltador de bardas definitivo. Un hombre que no tuvo que esquivar ninguna seguridad. Más bien, los trabajadores del club le dieron los buenos días y le abrieron la puerta del estadio para que entre.

El 23 de noviembre de 1996 tiene una efeméride poco publicitada pero bien conocida por los amateurs y los saltadores de estadios. El día que Alí Dia, valga la redundancia, se convirtió en el primer amateur que jugo profesionalmente. ¿Fue un invitado del club?, ¿Jugó un partido especial a beneficio?, ¿Ganó un concurso? Si así fuera Día no sería el héroe que es para los invasores de cancha. Este señor, como si hubiera contratado los servicios de Mario Santos, fue capaz de engañar a un club de la Premier league haciéndose pasar por profesional.

Nadie puede negar que Graeme Souness sea una persona capacitada para el fútbol, como jugador y como entrenador también. De hecho, como D.T, el escocés cosechó varios títulos en su país natal y también en Inglaterra. Pero era buen entrenador no un buen detective, no le pidamos tanto al bueno de Graeme. Una mañana recibió una dudosa llamada telefónica, del otro lado le dijeron que el que hablaba era George Weah y Souness chequeó menos que un panelista de programa de la tarde. Era el año ´96 gente. No había internet ni redes sociales, tal vez apenas los identificadores de llamada pero se ve que Graeme no estaba familiarizado con esta tecnología de punta. Este supuesto Weah le comentó al entrenador que tenía un jugador para ofrecerle. Se trataba de Alí Dia, su primo. Sin que le temblará ni un poco la voz, el impostor le siguió endulzando el oído sobre el futuro prometedor de su primo Alí e incluso le aseguró que ya había convertido dos goles para la selección de Senegal. Esa tarde, después de esa conversación, se hicieron dos nuevas llamadas. La primera fue de parte de Souness contándoles a los dirigentes del Southampton sobre la incorporación de una posible promesa africana recomendada por uno de los jugadores más importantes del momento y flamante balón de oro, George Weah. Los dirigentes del Southampton escucharon atentos y chequearon menos que un panelista de programa… bueno se entendió el chiste. La otra llamada que se hizo ese día fue a la habitación de hotel dónde el joven Alí descansaba, estaba en medio de un viaje donde rebotaba por distintos lugares de Europa con pases de equipos semi amateurs de Francia e Inglaterra. La voz en el teléfono era la de su colega de la universidad confirmándole: “Se creyeron lo de Weah. Tienes que ir al club Southampton donde te ficharan sin siquiera hacerte una prueba”.

Dia llegó al predio de entrenamiento, los guardias le permitieron la entrada, uso los vestuarios para ponerse la ropa de los “Saints”, escuchó la charla técnica, trotó, hizo los ejercicios pre competitivos, recibió las instrucciones de Souness y se puso a jugar.

No dejó una buena impresión en el cuerpo técnico ni en sus compañeros, pero la cantidad de lesionados le hizo merecedor de un poco de fe en sus habilidades. A veces en los entrenamientos los jugadores muestran genialidades que no hacen en la cancha, pero también puede pasar lo contrario. Después de todo, si lo recomendó Weah no puede ser malo. Los dirigentes y el cuerpo técnico pensaron que pudieron ser los nervios de los primeros entrenamientos o la falta de adaptación a un nuevo grupo. Esa fe confiada de los ingleses le dio al bueno de Alí la chance de jugar un partido de reserva contra el Arsenal. Sin embargo, y aquí entra un golpe de suerte que hizo avanzar más esta historia, el estadio donde se disputaría ese partido se inundó por lluvia y el encuentro fue suspendido. Este giro del destino le permitió a Alí ser parte del banco de suplentes en el partido que el Southampton disputaría contra el Leeds United por la Premier Ligue.

En el minuto 32 del encuentro, y como si esta historia fuera un guion lleno de coincidencias, Matt Le Tissier (“EL” referente del plantel) sufrió una lesión que no le permitiría seguir en el encuentro. Souness miró el banco y supuso que ese era el momento de saber si lo que tenía era o no una carta ganadora. Alí calentó un poco e hizo su debut oficial como jugador de la liga inglesa defendiendo los colores del Southampton con el número 33 en la espalda.

Aquí fue donde las coincidencias y la suerte ya no pudieron hacer nada por el joven africano. Los espectadores dejaban sus cervezas de lado ante la sorpresa de lo que veían en la cancha. Los movimientos de Alí parecían más los de un niño que está aprendiendo a jugar en las inferiores que los de un jugador profesional. “Parecía Bambi corriendo sobre hielo, fue realmente vergonzoso verlo”, recordaría tiempo después Le Tissier en una entrevista. Cincuenta y tres minutos, eso fue el tiempo que Dia permaneció en el campo de juego. Terminó el primer tiempo y, sorpresivamente, le tuvieron paciencia hasta los cuarenta minutos del complemento hasta que fue reemplazado por Ken Monkou.

La derrota por 2 a 0 contra el Leeds quedará para la estadística. Dia acusó que una lesión era lo que no le permitió dar lo mejor de sí en el partido. Sin embargo, la credibilidad ya se le había agotado. Lo que más le preocupaba a Souness luego de ese partido era llamar a George Weah y preguntarle de dónde sacó ese gato y por qué se lo ofreció como una liebre. Al día siguiente el escocés hizo lo que debió hacer desde el principio, chequear. Cuando pudo comunicarse con Weah, el original, este le explicó que no solo no tenía un primo con ese nombre sino que ni siquiera había llamado por teléfono al entrenador.

Sin saber que sus horas en el club estaban contadas, Alí se despachaba dando entrevistas a la prensa contando que el demostraría lo que valía como jugador. “El entrenador me dijo que George (Weah) lo llamó y le dijo que era un buen jugador. Puedo y lo probaré”, le dijo al medio Sky sports en una entrevista poco tiempo después de su debut contra el Leeds. Lamentablemente, el castillo de naipes de Dia se cayó de inmediato y no se requirió de mucha investigación para descubrir quién era en realidad: un estudiante de economía de 31 (no 22 como afirmaba el falso Weah) que soñaba con jugar un partido en la Premier League.

Un partido, 0 goles, 28 toques al balón, 2 disparos al arco y 30% de pases correctos cierran la estadística de Alí Dia como jugador profesional con su único partido con Southampton. Tal vez faltó destacar entre sus características, además de parecer un bambi en el hielo cuando se movía por la cancha, la tenacidad.  Según averiguaron las autoridades del equipo inglés, “Soñaba jugar un partido en la premier”. Y, aunque odien admitirlo, lo logró. A pesar de no tener habilidad, de tener más de 30 años, de nunca haber jugado un partido profesional, de no conocer a George Weah. Con todo en contra, Dia fue un jugador profesional y cumplió su sueño. No tuvo que fingir ni imaginar nada, lo vivió. Terminó su breve carrera en el Gateshead, un club semi profesional para el que jugó ocho partidos y convirtió dos goles.

Lamentablemente, hoy se lo recuerda como “El peor futbolista de la historia”. Lo cual resulta totalmente cuestionable, es un título producto de la envidia del que escribe desde su escritorio pensando que lo más cerca que estuvo de jugar un partido profesional fue cuando pateo un tiro libre en un entretiempo para ganarse una moto. Alí Día en todo caso es el mejor amateur de la historia o el mejor invasor de campo de la historia. Y tiene un status de leyenda en el folklore del fútbol Inglés que no llegaron a tener muchos profesionales.

Ezequiel Olasagasti.

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