Matías Fondato: “El arte llenó el vacío que dejó el retiro del fútbol”

Surgió en Newell’s y pasó por el fútbol de Colombia, Paraguay, Bélgica y Grecia. Además, participó de las selecciones juveniles de José Pekerman. Tras su retiro, una etapa que describe muy difícil, el ex jugador de 39 años volvió a un placer de su infancia: el arte. “Se dio de casualidad gracias a un amigo futbolista”.

El ex volante pinta rostros de jugadores, músicos y escenas del cine. Sus trabajos lo llevaron a participar de obras benéficas y pintar cuadros para Lionel Messi y recibir el saludo de Diego Maradona.

Por: @Agustinpalmis@Globalonet.web


El arte los une: Menotti y Bilardo juntos. Por Matías Fondato. Imagen de archivo.

Como profesional llegaste a jugar en selecciones juveniles ¿Cómo recordás ese paso?

Fue desde fines del 97 hasta 1999. Defender los colores del país con Pekerman y Hugo Tocalli de técnico fue una experiencia inolvidable. Teníamos buen equipo, estaba Coloccini, Leo Ponzio, Poroto Lux, Oscar Ahumada, Pablo Calandria, entre otros. Con la mayoría seguimos en contacto fluido, fue en una época clave de la vida. A los 15, 16 y 17 años, todavía no éramos profesionales, no había tantos intereses, y era todo mucho más puro, después esas cosas de manera directa o indirecta se termina contaminando. El otro día hablábamos con Poroto Lux y Leo Ponzio sobre ese tema, las amistades en aquel entonces eran mucho más puras, después uno llega a la elite y se acerca gente que te quiere alejar un poco, en ese momento no pasaba como ahora, pero siempre existió.

Jugaste en varios clubes y un día llegó el momento de poner punto final a la carrera ¿Fue por las lesiones?

Sí, salí de Newell’s y jugué en América de Cali, Guaraní de Paraguay, en Bélgica y Grecia. El retiro fue un poco de todo, tuve una lesión en la rodilla y me costó volver. Estuve un poco más de un año sin jugar y me costó reinsertarme en un nivel competitivo. Ahí empecé a pensar en el futuro que venía después del fútbol. Es un tema que yo trato de tocarlo mucho, tengo amigos que están a punto de retirarse o retirados, y es muy difícil. Son 20 o 25 años, o menos, haciendo siempre lo mismo y de golpe no lo tenés más. El fútbol no tiene memoria, te retiraste y ya no te reconocen por la calle, salvo que seas un crack.

No es un paso fácil,  va más allá del factor económico o como haya sido la carrera, es tener la cabeza ocupada o volver a sentirse inseguro porque muchos no tienen planeado que van a hacer, a mí me pasó. Siempre tuve la idea de seguir ligado al fútbol, pero no sabía de qué manera, pensé en el curso de entrenador o representante, pero nunca supe concretamente que hacer. Algunos ya lo saben, pero no es un paso fácil y es un tema que me atrapa mucho y uno puede ayudar desde la experiencia.

¿Cómo llegas a vivir en Inglaterra?

Yo dejé de jugar en Bélgica y no sabía qué hacer con mi vida. Primero fui de visita a ver a Fabrizio Coloccini, quien es muy amigo mío. Fui por una o dos semanas, y hablando con él, le conté que iba a arrancar el curso de entrenador en Bélgica, el idioma lo hablo, pero no tan bien con como el inglés. Ahí él me dijo que piense en hacerlo en Inglaterra. Además, estaba en una situación buena porque no estaba atado a nada, lo tomé como una especie de aventura, y así llegué a Inglaterra.

Hoy me encuentro en Pergamino, disfrutando y trabajando. Se extendió el tiempo que me iba a quedar, un poco por la pandemia y porque a mi grupo de gente no lo podría ver. Mi grupo social allá son jugadores y además de las restricciones sociales del gobierno, los jugadores tienen más restricciones por los clubes, entonces no podría hacer nada.

¿Cómo se compone ese grupo de amigos en Inglaterra?

Son muchos. Yo vivo en Newcastle, muchos que jugaron en el club, la mayoría son hispanoparlantes por decantación, pero también tengo amigos ingleses. Miguelito Almirón, que jugó en Lanús es amigo, Fede Fernández, y otros chicos que estuvieron en el club, como Joselu Kenedy y Rondón. Fabrizio Coloccini y Jonás jugaron en Newcastle son muy amigos, yo trabajé en el club antes de la pandemia y tengo vinculación directa con el club.

¿Cuál fue tu trabajo en el club?

Por una cuestión de que hablo inglés desde los 15, es algo que me sirvió en distintos ámbitos. Por ejemplo, cuando jugué en Grecia o en Bélgica. La cuestión es que aproveché eso para poder trabajar en el club ayudando a los jugadores hispanoparlantes que llegaban al país a jugar en el club. Muchas veces pasa que un jugador llega a un equipo donde no sabe hablar el idioma, y se hace difícil la adaptación. Lo que hago es dar una mano a los chicos durante los primeros meses en lo que sería ir al supermercado, manejar del lado derecho y esas cuestiones. No es solo el fútbol, sino un montón de cosas. También está el tema de la adaptación al clima, muchos vienen de lugares donde hay 9 meses de sol y calor y llegan a un país donde son 9 meses de potencial lluvia todos los días. 

¿Cómo llegas a incursionar en el arte?

Soy un agradecido porque pude mezclar mis dos pasiones. Siempre fui de hacer dibujos con garabatos en la escuela y me gustaba mucho. Cuando me retiré empecé el curso de técnico y un día voy a comer a lo de un amigo, el futbolista norteamericano DeAndre Yedlin, que jugó en la selección de su país como lateral derecho. Él fue el que me descubrió (risas). En Inglaterra jugó en Newcastle y alquiló la casa a Coloccini, y yo hice de mediador entre ellos. Enseguida pegamos buena onda, se había dado que jugó en Seattle con Mauro Rosales, con quien yo viví en la pensión en Newell’s. A él le gusta la pintura y le dije que le iba a hacer un retrato, se lo tomó medio en joda, pero aceptó, y cuando lo hice se volvió loco, le encantó. Me dijo que tenía que hacer algo con el arte, lo posteó en las redes y me empezaron a entrar pedidos en Instagram, yo no entendía nada. Yo recién me retiraba, estaba perdidísimo, y mientras tanto trabajaba en el club y pintaba, así arrancó todo.

¿Cómo se conjuga el mundo del fútbol con el arte ?

La gente con la que trabajo son futbolistas, es donde siempre me he manejado. Después, tuve el privilegio de conocer a actores y cantantes gracias a relaciones que sembré durante años. Yo estaba perdido, no sabía cuánto salía una pintura ni como se hacía, empecé a hablar con artistas y jugadores. Primero me contactaban por Instagram y el privilegio de conocer personas del fútbol que me ayudaron a posicionarme, gente como el Colo Ansaldi, fue un impulso de apoyo que me dio una mano de forma desinteresada.

Algunos de sus cuadros por fuera del fútbol. Imagen de archivo.

El arte también te dio la posibilidad de conocer personas y también participar de campañas benéficas como el caso de Boby Robson ¿Cómo lo viviste?

Lo de Boby Robson fue a través del Newcastle, él es ídolo del club y contacté a la mujer por la fundación en la lucha contra el cáncer. La mujer es muy agradable y hablamos mucho. Yo soy muy admirador de Robson y las casualidades de la vida me llevaron a tener la posibilidad de trabajar en el club donde él fue ídolo como entrenador, junto con Alan Shearer son los máximos ídolos. Robson tiene una estatua en el club.

También pintaste un cuadro para una de las estrellas del Manchester City: Raheem Sterling

Sí, y terminé yendo al cumpleaños. Estaba todo el plantel del City y la selección inglesa. Mi cuadro era un regalo de sus amigos de la infancia de Jamaica. En un momento me encontré en el medio de la fiesta con 300 invitados y con sus 5 amigos, todo por el cuadro. Yo no entendía nada, me parecía muy loco. Gracias a eso me pasó de conocer a muchos otros jugadores, también de otros países, y por suerte las puertas se fueron abriendo naturalmente. No me gusta tomármelo con la presión de un trabajo y tener que cumplir. Eso me permite estar más suelto para hacer los trabajos.

Hace un tiempo hiciste un cuadro con la imagen del Diego y te lo respondió por las redes ¿Cómo fue esa situación?

Fue increíble. Fue hace un año en el peor momento de la cuarentena. Un inglés de origen hindú, fanático de Diego me encargó una pintura con la imagen de él. Hice el cuadro y lo posteé en las redes, a la noche estaba mirando el celular, y veo que la cuenta oficial de Maradona me dejó un comentario y ahí vi que me agradeció por el trabajo que hice con su imagen. Cuando lo vi me quedé duro, no podía reaccionar, quedé en shock durante un minuto o dos. Para mí Diego es lo máximo, como argentino, y como persona que tuvo la oportunidad de ser futbolista fue impresionante.

¿Qué otro momento recordás?

Con Messi me pasó, esos dos fueron los momentos más altos de lo que hago artísticamente. Con Lionel tenemos muchos amigos en común, y a través del utilero de la selección, Marito De Stéfano, pude hacerle llegar el cuadro, se lo entregué en la mano. Fue inolvidable. También me pasó que me comente Del Piero, o Manu Ginóbili me hizo una historia agradeciendo un cuadro que ni siquiera era para ellos. Esas cosas las tomo como una caricia.

¿Tenés pensado seguir ligado a futuro en la formación de los más chicos?

Esto del arte se ha ganado su lugar por inercia. Pero el fútbol es mi otra pasión, pude vivir del fútbol que es un sueño y ahora poder hacer arte y combinarlo con lo que tanto quiero es hermoso.

Me gustaría seguir ligado al fútbol, como trabajo o como ayuda. El jugador de fútbol es un ser muy especial, ni para bien o para mal, diferente. No te lo dicen los libros, pero el jugador tiene que lidiar con muchas cuestiones a partir del buen rendimiento, y que alguien pueda guiar a los más chicos con esas situaciones es algo muy importante que repercute en la carrera.

El fútbol es un sistema perverso en cuanto al rendimiento. ¿Solo importa rendir bien?

Claro. La exigencia es muy alta por todo lo que representa el fútbol. Es todo el tiempo cumplir y rendir bien. Lo que menos se mira hoy es la salud del jugador, se habla de la Superliga europea, resultados, la Champions, pero no se habla de otras cuestiones. A fin de año en Inglaterra un equipo llega a jugar 11 partidos en dos meses cuando lo normal jugas 6. El cuerpo no se llega a recuperar jugando partidos cada dos días y el segundo día siempre es peor que uno después. Hay equipos que juegan 80 partidos por año.

¿Extrañas estar en la cancha?

Al principio sí. Iba a una cancha a ver un partido y me sentía raro. Un día me levanté y me dije que no podía tener un resentimiento, sentís algo negativo, hoy lo extraño, pero no de mala manera. La pintura llenó el vacío que había dejado el fútbol a partir del retiro.

Agustín Palmisciano.