Repensarnos a partir de Maradona

Durante 25 días que se extienden desde el 30 de octubre hasta el 25 de noviembre, nos dedicamos a ver homenajes, recordar y a decir, en tono retórico y con mueca que denota desdén: “Como se murió el Diego”. A un año, la imagen del 10 argentino sigue presente en cada entrevista o nota publicada. En las calles napolitanas los altares con su imagen no desaparecen, y en Argentina los murales y altares se multiplican de manera constante. Pero, ¿Alguna vez pensamos en lo qué esperamos de ídolos? ¿Aceptamos lo que son o construimos lo que deseamos que sean?

Por: Agustín Palmisciano – Globalonet.web

Las calles de Napoli rinden homenaje a Maradona todos los días. Diego fue quien le dio voz a quienes no tenían una en aquel Sur olvidado de Italia. Fotografía: Julián Luppi.

Desde la nada a la gloria fue la vida de Diego Armando Maradona, y sin decir una novedad, todo lo que hizo, sea en una cancha o fuera de ella llamó la atención. Desde que su nombre se convirtió en el más conocido del universo futbolero, los aplausos y las criticas no cesaron. Hoy, 365 días después de su muerte en soledad, los fanáticos no lo olvidan. También están las voces que apuntan a Diego como un contraejemplo, y en esas conversaciones, la idea de repensarnos como sociedad y el lugar que le damos a los ídolos aparece de forma concreta.

No se trata de señalar y ver la paja en el ojo ajeno, no. Cada quien puede opinar libremente, y por suerte ocurre. No se trata de atacar a las personas con las armas del pensamiento actual a sus hechos del pasado. Pero sí podemos tomar nota, observar a la distancia y no repetirlas en el presente. Uno de los mayores problemas de Maradona fue ser Maradona, y que sus actos estén en el centro de la escena, sobre todo en el terreno extradeportivo.

En medio de la pandemia que sacudió al mundo fue cuando murió Diego. Sin fútbol, y en la soledad de una casa, donde la gente señaló como responsables a quienes debían cuidar de él. El mundo se pausó ante la noticia, y de a poco, volvió a reactivarse para empezar a ver los primeros homenajes en las calles de Estados Unidos, China, Italia y por supuesto, Buenos Aires.

En una Plaza de Mayo colmada de gente, y en medio de la pandemia, se desarrolló el velorio. Y ante las criticas y justificaciones, la política local tenía otro tema en agenda: el impuesto a la riqueza. Un aporte único y solidario para hacer frente a las carencias de los sectores más vulnerables. Allí, hubo ex futbolistas que presentaron amparos para no hacer el aporte. Diego Placente, Christian Bassedas, Gabriel Batistuta y Carlos Tévez fueron algunos de ellos, y el periodista Andrés Burgo, coautor del libro «El último Maradona», junto a Alejandro Wall, reflexiona: “Hay una falta de empatía que le da la espalda a los orígenes del fútbol. Ver esas cosas te hacen querer más a Maradona”.

La figura del 10 pertenece a una etapa histórica donde la idolatría pasaba por otro tipo de actitudes a las que se aplaudían: “Si hoy fuese futbolista, habría que ver como se tomarían ciertas acciones, como no reconocer a sus hijos o violentar a alguna de sus parejas”, dice la periodista Ayelén Pujol, quien se define como maradoniana. Separar la obra del artista es necesario, sobre todo en el marco cultural actual, y a sabiendas de que en ese desglose hayan cuestiones que no admiten justificaciones, Pujol, autora del libro “Qué jugadora!”, definió su postura: “Para muchos y muchas, Maradona fue un faro a seguir y en sus contradicciones, nunca estuvo la defensa de los oprimidos. Eso me marcó”.

Mónica Santino, una referente del fútbol femenino y personalidad destacada por su aporte en “La Nuestra”, equipo que dirige en la villa 31, explicó: “Para los feminismos populares Maradona es fabuloso. Negarlo por su machismo es un aspecto muy corto dentro de su vida, como de la vida general. Pertenece a una generación que no es la actual, y en ese machismo la deconstrucción es muy dura”. Santino, agrega que la figura de Diego trasciende a una cancha para ser emblema sociopolítico y cultural que nunca se olvidó de sus orígenes villeros: “Es una persona que podría haberla pasado mucho mejor sin haber emitido opinión y sin pelearse con una de las corporaciones más grandes del mundo, como la FIFA”.

Diego representa a casi toda una generación anterior a la actual. Y su muerte prematura a los 60 años, invita a una mirada sobre la cuestión social, que Ayelén explica detalladamente: “Su muerte es, simbólicamente, el fin de una forma de masculinidad y de las construcciones de idolatría. Desde una mirada integral, tampoco vamos a negar que tenía su parte machirula y que eso nos genera un rechazo absoluto. Transito las contradicciones sin negarlas”.

El mejor futbolista de la historia, fue en vida una suerte de prócer que, con su magia hizo vibrar a todo un país. A un año de su muerte, vive en los corazones de todos los fanáticos del fútbol y más allá también, porque su muerte no le fue ajena a ningún argentino. Nazareno Casero, quien hace de Maradona en la serie de Amazon, ´Sueño bendito´, dijo en una entrevista con Matías Martin y Clemente Cancela que tuvo la suerte de conocerlo en medio de una cena y contó cómo se comportó: “Decidí no acercarme a pedirle nada. Es muy difícil ser alguien a quien todo el tiempo se le pide algo”.

Maradona le dio voz a quienes no tuvieron una, fue el mejor futbolista, defensor de los humildes, y de los futbolistas ante el poder de la FIFA. La sociedad, siempre le pidió más, hasta que deje de ser quien era. Algo que nos sirve para repensarnos en lo colectivo. Hoy, letras de canciones, series y murales forman parte de los homenajes permanentes que recibe Pelusa, y está bien que así suceda. Pero también aparece la forma en qué le pedimos cosas a quienes nos llevan a la gloria, como hablamos de ellos y que esperamos de sus acciones. En Bella Vista, Provincia de Buenos Aires, a Berazategui, Ushuaia, Jujuy, Fiorito y Napoli, se encuentran los murales y altares que lo recuerdan.

En las calles de Napoli se observan banderas argentinas y un santuario que rinde homenaje a Diego. Video: Julián Luppi.

Agustín Palmisciano.