Diario de un viajero en Perú: la selección del pueblo

Perú jugará el repechaje en junio y sueña en Qatar 2022, su rival saldrá del partido entre Australia y Emiratos Árabes Unidos. En la semana donde se definieron los pasajes al mundial y la fase de grupos, Alejandro Schoo, caminó las calles peruanas, habló con los hinchas sobre el fútbol, Ricardo Gareca y la pasión por el seleccionado bicolor.

Por: @schooale@Globalonet.web


Fotografía de archivo: http://www.futbolperuano.com

A través de la cordillera de Los Andes Latinoamérica se une de norte a sur, donde atraviesa todos los territorios que van desde el Caribe colombiano hasta la Patagonia argentina. Dentro de las características que unen a estas sociedades, hay una que resalta sobre las demás: el fútbol.

En la Argentina, el jueves 24 de marzo es feriado en conmemoración a una de las etapas más oscuras del país, donde 30 mil desaparecidos son recordados en todo el país. A tal punto, que el calendario deportivo de la selección nacional fue suspendido. Cruzando la frontera hacia el norte, precisamente en Cusco, Perú, el reloj marca las ocho de la mañana, y el aire que se respira es diferente.  La selección de fútbol peruana juega una de sus últimas cartas para clasificar a Qatar 2022.  A falta de dos fechas se encuentra muy cerca de poder ser uno de los países que jueguen la Copa del Mundo, y ese calor se siente desde temprano en las calles.

La gente está ansiosa. En los locales y oficinas se ve el color blanquirrojo. Los vendedores llevan puestas las camisetas de Perú, y varias mujeres coyas sonríen y alzan a crías de llamas envueltas en tejidos con los colores de la bandera. En todo momento ofrecen a la gente una foto con ellas: “Dos soles amigo, un sol también puede ser. Una foto con la llamita, por el Perú”, ruegan al paso de los turistas, que se mezclan junto a hombres y mujeres oficinistas que van apurados, y entre sus ropas formales, se ve que en lugar de un abrigo, llevan puesta la camiseta de la selección que dirige Ricardo Gareca.

Con el paso de las horas se ve en las calles y en los bares cómo se preparan para el partido con Uruguay, las banderas se mueven al compás de la brisa y el sentimiento de ansiedad se palpa en el aire. Esta pasión por los colores y por lo que representa el seleccionado para los peruanos es casi única en el continente. Ni siquiera en Argentina se vive de esa manera. El hecho de que Perú no tenga el pasaje asegurado quizás mina un poco más la algarabía que genera este encuentro.

A unas cuadras de la Plaza de Armas de Cusco, ubicada en pleno centro histórico de la ciudad y principal espacio público de la localidad desde antes de la fundación española, se encuentra el hotel Amaru Colonial. Allí trabaja Persy Monge Vega, que es técnico en turismo y es el recepcionista del hotel. Hoy tiene puesta la camiseta de Perú. “La selección representa nuestros colores peruanos, y sentimos mucho por ella. A los once muchachos que nos representan en la cancha les damos buenas vibras desde todos los rincones del Perú”, asegura Vega, mientras me mira con emoción.

Después de un rato de charla se suelta un poco, me cuenta que trabaja hace 10 años en el hotel, pero la conversación vuelve al terreno del fútbol: “El hincha peruano siempre va a estar en todas las canchas donde juegue la Selección, esa es la afición. El fanatismo es muy grande, sobre todo desde que ha resucitado con Ricardo Gareca”.

El entrenador argentino de 64 años, oriundo de Tapiales, es un personaje muy querido en el tercer país más grande de Sudamérica. El Tigre llegó a ser entrenador de la selección en 2015 y en su primera Copa América al frente de Perú, dejó sin chances de clasificación a Brasil tras ganarle 1 a 0 en La Copa América del Bicentenario. Luego obtuvo la clasificación a Rusia 2018, algo que no se lograba en el país desde hacía 36 años. Y en el 2019 fue subcampeón de la Copa América de Brasil. “Estamos siempre agradecidos con él, lo queremos bastante”, añade sonriente Persy, como si le quedara chica cualquier palabra hacia el director técnico.

Fotografía de archivo: http://www.depor.com

Después del mediodía Cusco está totalmente encendida. Trabajadores y turistas corren en busca de sus almuerzos y de un poco de sombra, y la ansiedad por el partido sigue latente. A pesar del calor, la gente no se quita las camisetas de la selección por nada y cada vez más fanáticos se mueven por las calles de la ciudad. El barrio de San Blas, uno de los más antiguos y declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1983 por ser parte histórica de la ciudad, despierta la imaginación en sus calles y fachadas de piedra que transpiran antigüedad e historia. Incas y españoles caminaron sus calles angostas en las épocas prehispánicas y coloniales, las mismas calles que en la actualidad vibran alto por la energía de sus construcciones, y ahora, por la pasión por el seleccionado de fútbol.

En la calle Carmen Alto del barrio se encuentra el bar Esperanto, uno de los tantos que da color a un paisaje de fachadas antiguas, erigidas sobre lo que para los incas era Qosqo, el nombre original de la ciudad en idioma quechua y que por la calidad de sus construcciones, es resistente a temblores y hasta a terremotos. Allí, el dueño del bar se llama Eduardo Puma Orihuela y me explica los sentimientos del hincha y el sueño de ir a Qatar: “Ir al mundial significaría un avance para el Perú en lo deportivo, porque desde el punto de vista económico Perú invierte mucho en el fútbol”. Eduardo, de 28 años, es abogado pero decidió apuntar su vida al sector gastronómico, un sector que en Perú es uno de los más destacados. En el bar hay algunos argentinos, otros peruanos que esperan ver el partido y tres hinchas mexicanos: “A nosotros nos gusta el fútbol, esperamos clasificar”, dicen entre risas y un brindis cervecero.

Unos minutos antes de que empiece el partido, el único mozo del bar Esperanto que atiende el lugar junto a Eduardo se relaja y se convierte en un fanático más. Frank Tecsi Sánchez tiene 22 años y en unas pocas palabras resume la pasión del peruano por el seleccionado de fútbol: “Yo creo que si clasificamos toda la hinchada se iría para Qatar, sacarían préstamos, venderían sus casas, harían lo que sea”. Y agrega: “Acá hacen esas cosas, se vio en un reportaje ahora con los más de cuatro mil hinchas que fueron a alentar a la selección a Uruguay. Un albañil que trabajaba en obra vendió su casa para ir a ver el partido allá. Somos fanáticos”.

Fotografía de archivo: http://www.elcomercio.pe

Finalmente, el resultado contra Uruguay es adverso, un 0 a 1 con polémica en la última jugada que podría haber sido el empate. A pesar de la derrota, los resultados de Colombia y Chile dejan posicionado al conjunto de Gareca con posibilidades de jugar el repechaje dependiendo de sí mismo, y mientras, Frank se me acerca y sin perder el tono respetuoso me reclama: “No me grabaste cantando las canciones de cancha”, y en seguida pienso en qué pasará en la última fecha. Una vez seguro de que lo estoy grabando levanta las manos y comienza a alentar: “Dicen que estamos locos de la cabeza, tu vieja… Dicen que estamos locos del corazón… Sí señor, yo soy de Perú. ¡Sí señor, yo soy peruano, sí señor!”.

Y es así, esto envuelve de norte a sur de América Latina a todos los habitantes de algo que es imposible de comparar con otras latitudes terrestres. Algo que, después de sellar Perú la clasificación al repechaje tras ganarle en la última fecha de la eliminatoria a Paraguay por 2 a O, verá el ganador de Australia o Emiratos Árabes en junio en Qatar, para definir uno de los últimos cupos al torneo más importante de fútbol del mundo.

Y no, no es locura. Alcanza con citar un cliché de una película argentina ganadora del Oscar: es la pasión.

Alejandro Schoo.